"EL ZORRO" EL RESERVADO DE LA HISTORIA

En esto de andar caminos con el folklore entre festivales y festivales, fui aprendiendo a conocer la dificil tarea de los jinetes y reservados ( asi se llaman. jinetes y reservados ) por ahi escucho Potros y domadores y eso es otra cosa los potros se amansan y los domadores Doman, nada que ver una cosa con la otra.
Pero bueno hablando de jineteadas no podemos dejar de mencionar al Reservado de la Historia sin ninguna duda EL ZORRO.
Quiero aclarar mi eterno agradecimiento al "Negro" Passarotti que gentilmente me proveyo de material para esta nota.El Zorro (Nombre puesto por pasarotti por que cuando potrillo era todo negro y tenia la cola y la cara blanca) nacio en Coronel Dorrego un 12 de Marzo del año 1972 en el campo Monte Cura que esta ubicado entre Irene y Aparicio, a los seis meses (cuenta el "negro") quedo huerfano y me lo traje para cascallares de lo flaco que estaba por la muerte de la madre (Percherona de nombre Irene) casi lo pierdo en el viaje "Era lo mas mansito que habia. Si lo tuvimos que probar con espuelas por que nio se asentaba cuando lo atamos al palenque despues se avivo por demas y fue indomable.

Tenía dos años y medio, casi tres, cuando Julio "Patiano" Barrionuevo lo montò con espuelas para probarlo por primera ves en el campo "La Susana" en Micaela Cascallares intentaron subirlo por primera ves. Al poco tiempo ya haría su presencia en los campos de doma. Primero lo echaron a "las clinas", experiencia que repitió en cinco oportunidades, hasta que en 1975 debutó con los bastos, montado por Hugo Campos, de Tres Arroyos. Ahí comenzaría a ser reconocido, un reconocimiento que la misma gente le tributó, hasta que comenzaron a reservarlo para la final y, cuando ya nadie quería subirlo en contiendas decisivas, se transformó en exclusivo "premio especial" y el desafío de todo jinete que se precie de tal, no sólo por la hazaña que ello significaba, sino también por las abultadas recompensas que se ponían en juego cada vez que el cartel anunciaba la presencia del "Zorro".
 Durante 19 años fue "reservado premio especial". Al cabo de casi dos décadas, según Passarotti, mantuvo el invicto. En 157 jineteadas nadie pudo con el caballo. En ese tiempo el flete recorrió 82.067 kilómetros por siete provincias argentinas, incluida Buenos Aires. "Al 'Zorro' nunca vinieron a montarlo a la casa de él, sino que fue el 'Zorro' a la casa de los montadores", se ufana el tordillero de su caballo.
El debut como "reservado premio especial" lo hizo con un gran jinete, "Tucuta" Schan. El de San Manuel, reconocido hombre de doma, no aguantó la fuerza del animal, sus 640 kilogramos de músculo y en el segundo salto ya estaba volando hacia arriba, por el aire como a cinco metros, para caer sentado y perder hasta los tacos de la bota. Al desafío, con el correr de los años, se sumaron montadores de la talla de Ismael Santamaría, "Chito" Maldonado, Luis Romero y hasta el "Coti" Iparraguirre, porfiado si los hay, que lo subió tres veces y en la última "salió dando rulos por el aire".
 La vez que ¿perdió el invicto?
Pero nadie pudo sostenerse en su lomo, salvo en una discutible ocasión en la que, según Passarotti, "voltearon el caballo a propósito" y en su criterio de ningún modo puede considerarse que ganó el jinete. "El caballo se cayó, porque cuando Alfredo Ramos estaba arriba, lo volteó. Las fotos muestran cómo se le echó al cogote para que no lo apriete el caballo. Entonces lo volteó, porque si se cae el caballo lo aplasta con todo el cuerpo", rememora indignado Passarotti la doma de Santa Rosa, en La Pampa, donde para algunos el "Zorro" perdió el invicto, afirmación que es desmentida por su dueño.
Lo real es que, en aquella disputa, el caballo resultó seriamente herido. "Se abrió, quiso levantar las manos y ya no pudo, así que me abalancé sobre el jinete para apartarlo del caballo. Después todos venían a pedirme la revancha. ¿Y si lo habían andado, para que querían una revancha?", se pregunta el tordillero, el padre, el amigo del "Zorro".
Las heridas demandaron una compleja operación que se extendió a lo largo de seis horas en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata. La recuperación alejó durante un año al "Zorro" de los campos de doma. Recién operado, en el traslado desde la capital provincial hasta el campo de Cascallares, el "Zorro" viajó parado los 500 kilómetros, anécdota que pinta de cuerpo entero la clase, estirpe y coraje del animal.
Cuando retornó, al año, fue nuevamente Ramos el contrincante. Y vaya uno a saber si es porque quiso demostrar algo, el "Zorro" se negó a la doma y ni siquiera galopó. Quince días después, en Médanos, ante la monta de Luis Romero, el tordillo se volvió a mostrar en su plenitud. En el quinto salto "revoleó" a quien osó sentarse sobre él y la gente lloró al verlo de vuelta. "Después de la operación los bajó a todos, aún viejo. Los mejores jinetes no lo aguantaron".
Si el "tordillo de la historia", como lo bautizaron en un verso, tenía una característica, esa era su baquía y fuerza. "Movía, los llamaba con las riendas, les aflojaba, les pegaba un ancazo y pasaban de largo", describe Passarotti la destreza del animal.

Aristegui, muerte y revancha

El 11 de setiembre de 1983, en Tres Arroyos, una doma que pintaba para fiesta, con el "Zorro" como protagonista principal, se transformó en triste experiencia. Aún hoy se recuerda amargamente aquella tarde en que perdió la vida quién intentó montarlo, el tandilense Carlos Aristegui.
Cuenta Passarotti, que siempre siguió las domas de su caballo parado al lado del palenque, que Aristegui, jugado, dijo antes de subir al animal: "a este caballo lo ando o me mata". El hombre parecía no aceptar intermedios y, en terreno peligroso, se jugaba al todo o nada, se había llegado a Tres Arroyos para "jinetear o morir".
El montador pidió al apadrinador unos 80 metros y, en esa distancia, cuando éstos llegaron en su auxilio, ya estaba muerto. "No lo mató el caballo, él se mató en el caballo, que es muy distinto", razona Passarotti. En el segundo salto el "Zorro" le quitó las riendas, quebrándosele una pierna, al siguiente salto impactó con su cabeza en el pecho de Aristegui, al que no le zafaron los estribos y quedó enganchado en la espuela, de la que no corrió la rodaja, siendo arrastrado en la carrera. "La familia mandó cartas pidiendo disculpas por si habían dicho alguna cosa de más, lo que muestra que no éramos nosotros los culpables".
Lo cierto es que al poco tiempo, el hermano del difunto, Jorge Aristegui, pidió la "revancha". En realidad, según Passarotti, cuando se llegó hasta el campo para solicitar domarlo, no habló de ninguna revancha. El dueño del "Zorro" dudó en aceptar el desafío, intuía problemas, pero finalmente dijo que sí.
La doma fue en Necochea, ante 25.000 personas, muchas de las cuáles estaban mal predispuestas contra el animal al que habían promocionado, creando un peligroso resquemor entre algunos de los asistentes, como "el caballo asesino".
Passarotti revive aquella doma: "Les encerré el caballo para que vean el estado, las clinas que tenía, los bozales que lo ataban. Aristegui había dicho que, con un tiento del cogote, lo montaba de las clinas. Pero cuando llegué a Necochea tenía como 10 guardaespaldas -con cuchillos como asador-, y lo montaron con un ramplón, con la soga entre las paletas. La mano blanca se le ponía a Aristegui de tanto que lo apretaba. El caballo estaba como ahorcado. También le echaron algo en el lomo, hasta que le penetró. No sé que, un líquido. La mancha en el lomo le duró como 45 días y el caballo hasta perdió el penacho". En la ocasión hubo intentos de agresión contra el tordillo, pero afortunadamente no prosperaron y todo quedó en simple jineteada.



Se precipita el retiro

En el año 1997, una lesión en la mano del caballo, precipitó el retiro del "Zorro" de los campos de doma. En San Cristóbal, Santa Fe, Miguel Ordina, campeón de Jesús María, lo hizo golpear contra el palo y, aunque lo bajó, quedó manco. "Los veterinarios no lo pudieron acomodar, le quedó la mano medio arqueada".
Así, manco y todo, el 13 de abril de ese año, en Bragado, el "Zorro" daba por concluida su carrera. Lo montó Rufino Montiel, que también se despedía y, por supuesto, no pudo con el caballo.
Fiel a su historia, sumando elementos a la leyenda, el "Zorro" se retiraba invicto, indomable, para ahora sí, envejecer tranquilo en el campo de Passarotti.
Después de la charla, por fin pude verlo, ahora personalmente y no en fotografías. Passarotti fue a buscarlo y lo trajo hasta nosotros. A solo un metro, lo miré a los ojos y me respondió la mirada. Su dueño había dicho que el caballo, con sólo verla, distinguía a la gente buena de la mala y, la verdad, quería sacarme la duda. Le ofrecí una caricia y aceptó, aunque desconfiando.
De frente al pequeño grupo que lo observaba, mientras se producía la sesión fotográfica que ilustra esta nota, el caballo recordó con su presencia que él no se dejó vencer, que nadie pudo doblegarlo, que no aceptó que ningún jinete se le posara sobre el lomo, porque nadie es su dueño, sino que es él amo y señor de si mismo.
Hoy está ahí, sin dientes, rondando por los potreros cercanos a la casa, con el pelo blanco. En la chacra ya no le dicen el "Zorro", sino el "Abuelo".
Cada día, cuando se acerca para comer su ración de trigo y avena, Passarotti le habla. El hombre, que no tiene esposa ni hijos, como es de suponer, guarda un entrañable amor por su gran caballo, el "Zorro", el mejor de todos los tiempos, que aguarda gallardo, valiente, la llegada de la muerte, único jinete ante el que se rendirá. Pero cuando el "Zorro" se vaya, quedará su leyenda, aquella que justificadamente lo ubica como "el mejor tordillo de la historia".
Proximamente la continuacion de esta historia con la muerte del zorro e imagenes de donde se encuentran sus restos